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24, mar 2020 Tiempo en casa, re-aprendiendo a convivir

Por: Andrea Valenzuela, jefa del departamento de Convivencia Escolar

Hemos empezado la segunda semana de cuarentena y los ritmos personales se empiezan a afectar. La paciencia ya no es la misma de inicios de la semana pasada y la incertidumbre se hace cada vez más grande al saber que  cada día hay más casos de contagios y que además la información entregada por las autoridades dice que se acercan días peores. Nos preocupan nuestros padres y abuelos, se nos empiezan a terminar las provisiones que teníamos pensadas para 15 días, por otro lado se empiezan a resfriar los niños por el cambio de clima y vienen  esos naturales temores desde lo más profundo del corazón.

Nuestros niños también están agotados,  el espacio limitado, de no poder ver a los amigos, están más intensos. Seguramente entre los hermanos las peleas son más frecuentes, y aumentan en ellos las ganas de retomar la rutina y sus tiempos personales.

Como padres tenemos múltiples roles en la casa,  el de contener, de cuidarnos como pareja, lograr que la casa funcione. Tratamos de equilibrar nuestros tiempos  personales, con los desafíos laborales, con nuestro tiempo de descanso y todo esto con los hijos dando vueltas alrededor nuestro. Muchas veces nos sentimos como  pulpo  tratando de hacer  que todo funcione, pero también cargamos con los propios miedos y aprehensiones.

Darle un giro a la situación

Este es un gran momento para re - aprender, para mirar y valorar lo que tenemos, para afianzar lazos, para reconocernos y para mirarnos también como país, es un momento para aprender a convivir de verdad, con nuestras  virtudes, pero también con nuestros defectos, valorando y queriendo al otro tal como es, tal vez este es el mayor desafío, bajar barreras, mirar nuestras reacciones, nuestras formas de enseñar, de querer, de exigir, de formar  y de extrañar y relacionarnos con los que no están cerca.  Valorando  lo realmente importante, lo esencial que definitivamente es comprender  que somos comunidad y que necesitamos de los otros para ser feliz  y  aportar a los demás  desde lo que realmente cada uno es.

Lo que ganamos como familia

Sabiendo que no es nada fácil, este tiempo en casa nos puede aportar encuentro, cercanía, y el fortalecernos como familia, desde una nueva perspectiva para mirarnos, la del cuidado.

También podemos crecer en la práctica de nuevas formas de llegar acuerdos, de solucionar conflictos de manera pacífica frente a situaciones simples o complejas, reconocer en nosotros mismos nuestras  flaquezas y potencialidades.  También podemos crecer en la conexión con lo trascendente, con nuestra fe… poner en manos de Dios este tiempo complejo de fragilidad, de temores y confiar.

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