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09, jul 2019 Con mucho cariño, despedimos a nuestra Ana Correa Compte

Hoy se realizaron los funerales de nuestra querida profesora, maestra, amiga y colega Ana Correa, quien nos acompañó durante once años como parte del Departamento de Lenguaje y como Profesora Jefe. Fue una ceremonia solemne, llena de recuerdos de Ana, pero también con toda la vida que entregó, su testimonio y herencia.

¡Vuela alto, Ana! Tanto como los globos de colores que tus queridos estudiantes hoy liberaron en tu nombre. Siempre estarás con nosotros.

Los invitamos a leer algunos testimonios de nuestra comunidad sobre la huella que dejó Ana. Hoy decimos “hasta pronto”, con la promesa de tenerla siempre en nuestros corazones.

Palabras de nuestro Rector al dar la bienvenida en la misa de esta mañana:

En este momento difícil y doloroso queremos hacer Eucaristía, queremos dar gracias:

En primer lugar, por el paso de Ana por nuestras vidas, por la huella que dejó en cada uno de nosotros.

Por la familia que formó y reunió en estos días, que con amor infinito compartieron la vida con ella y que en este último tiempo la han cuidado y acompañado en la dura batalla que libró.

Por las múltiples muestras de cariño y de dolor compartido con que nos hemos acompañado como comunidad: estudiantes de hoy y de ayer, compañeros de trabajo y amigos, padres agradecidos.

Por quienes han preparado todos estos momentos de oración, de liturgia, de recuerdo, y de celebración; que nos han ayudado a dar gracias a Dios por Ana, y también a darle sentido desde la fe al dolor profundo que nos embarga.

Por los hermanos SS.CC. que nos acompañan hoy y siempre, debiendo estar en el retiro de nuestra Congregación, y que se han “arrancado” para acompañarnos: Guillermo Rosas, Oscar Casanova y Cristian Sandoval. Por José Vicente Odriozola y Nicolás Viel que nos han acompañado en los días previos.

Por todos quienes han rezado por Ana en este tiempo.

Por esta comunidad hoy reunida, que transforma el dolor en esperanza, que ve en la Cruz de Cristo el camino que nos lleva a la Resurrección ya a la Vida Plena.

Palabras de estudiantes de IV Medio:

Ana:

Cualquier testimonio queda chico para expresar cómo nos duele tu partida, es por eso que no hay palabras para comenzar esta carta. Es difícil, por no decir inimaginable, pensar que una persona como tú, tan llena de amor, de entrega y vida, se va para nuestros ojos, sin embargo, por eso mismo es que lloramos tu partida, porque tu amor, tu vida y tu espíritu, nos queda como un regalo que vamos a atesorar por siempre. Tu alma perdura, tu esencia de un ser humano y una mujer sabia y luchadora es parte del legado que dejaste con tu paso y damos las gracias a la vida, por habernos dado la oportunidad compartir y haber cruzado caminos.

Se sabe que lo bueno viene en frasco pequeño, y esto se cumple a la perfección con tu persona. Con tu sinfín de características, tratar de describirlas todas serían largos párrafos de lectura, por lo mismo nos quedamos con aquellas que son tu esencia, tu marca y sello personal. Tú forma de ser, esas ganas de hacer que nos explotemos al máximo como persona, tu vocación incomparable, tu inigualable compañía, tu sabiduría de maestra y tu particular sentido del humor. Todo esto se resume en esa energía de querer hacernos florecer, ya que después de todo, tu muerte es solo un síntoma de que hubo vida, una increíble vida.

Es momento de levantar cabeza, mirar al frente y aplicar todos estos consejos y aprendizajes de vida que la Ana nos ha dejado, es momento de explotar nuestra persona y entender la vida y la muerte como etapas que son partes de este proceso que cumplimos. Hoy quizás nos vestimos de luto, quizás estas mañanas sean complicadas, pero tenemos la certeza de que estás y estarás siempre en los corazones de todos tus alumnos, de tu marido Juan y de tu hija Pía.

Ana, prometemos usar todo lo que dejaste a nuestra disposición, vivir la vida con una sonrisa y volcarnos de lleno a una vida de plenitud y amor. Ahora Manquehuinos, amigos y familiares, es momento de despedirnos físicamente de Ana. Quizás esta es la parte más dura, pero eso no significa enfrentarla con temor al porvenir, sino que aferrarnos a todas las energías que la Ana nos deja y hacernos fuertes con ellas, sacarle el mayor provecho a todo lo que se nos hereda. “Así como una jornada bien empleada produce un dulce sueño, así una vida bien usada produce una dulce muerte”.

Tú sólo te has ido a la habitación de al lado. Tú sigues siendo tú. Lo que éramos el uno para el otro lo seguimos siendo.

Nos vamos a seguir riendo de lo que nos hacía reír juntos, como tú lo estás haciendo ahora mientras nos miras burlándote de nuestras caras feas llorando, como siempre lo has hecho.

La vida es lo que siempre ha sido. El hilo no está cortado. ¿Por qué estarías tú fuera de nuestras mentes simplemente por estar fuera de nuestra vista?

Sabemos que nos esperas, que no estas lejos, estas justo del otro lado del camino. Nos volveremos a encontrar.

Simplemente gracias.

Generación 2019.

Palabras de tu equipo:

Ante la pregunta ¿qué podríamos decir públicamente de Ana? Especialmente, cuando hemos escuchado una gran cantidad de expresiones que evidencian el amor profundo que muchos sienten por ella, la respuesta no surge de forma fluida. Escribir el texto para despedirla, no es tan fácil. Paradójico. Esto porque, créanlo, igual que todos ustedes sentimos diversidad de emociones que hacen que nuestra palabra se torne torpe y, porque en coherencia con lo que somos, queremos relevar de Ana lo que logramos conocer de ella, sus fortalezas y sus fragilidades. En ambas dimensiones fue consistente. Se mostraba fuerte cuando había que serlo y frágil cuando se sentía en un espacio de confianza.

Desde lo humano, intentó ser una persona consecuente, decía y hacía. Esto dejaba en evidencia su pasión, que en ocasiones, se transformaba en tozudez. Aunque con el tiempo fue aprendiendo que las formas de hacer tenían diversidad de posibilidades. Buscaba ser justa, sin embargo, en varias ocasiones se reconoció parcial en sus decisiones. Era acogedora, pero tuvo la capacidad de tomar distancia y expresar una que otra palabra dura cuando las acciones de las personas no le resultaban agradables. Era sensible porque lograba leer la fragilidad del otro, aunque no soportaba la sensiblería (de ahí nuestra preocupación por buscar hoy la palabra precisa). Era sencilla para vivir la vida porque consideraba que esta se construía con lo esencial. Aunque en alguna ocasión le escuchamos querer algún lujito que, de todas formas, no excedía el límite de la sencillez.

Desde lo profesional, fue una persona de vocación comprometida en lo formativo y académico, con ganas de aprender, pero también resistente al cambio. Crítica al sistema, aunque siempre adhiriera a las propuestas institucionales, con capacidad de liderar desde su particular forma de ser. Creativa, aunque en ocasiones conservadora. Sin duda, en este ámbito, algo que la hace singular y evidentemente superior a nosotros fue su capacidad de influir y cruzar las vidas de sus estudiantes de manera inexplicable, sabiendo equilibrar la dureza con el cariño algo que la hace, por supuesto, una verdadera maestra.

En este sentido, lo interesante de nuestra Ana humana y nuestra Ana profesional es que tuvo la capacidad de integrar estas dimensiones de forma natural y con un equilibrio sabio que nos hace mirarla hoy como una compañera y amiga de la que nunca dejaremos de aprender.

Bueno, finalmente el objetivo de hablar sobre Ana se nos hizo complejo, sobre todo por el momento: despedirte, querida Ana. Cada uno de nosotros sentía que, teniendo en cuenta que somos profesionales de la palabra, aquel texto saldría con la coherencia, cohesión y estructura necesaria. Todos sabíamos que teníamos claro lo que queríamos decir de ti, lo que nos dejas, lo que aprendimos, lo que podemos dejar guardado en un anecdotario infinito, perpetuo y hermoso… era un ejercicio de confianza, porque quizás es más fácil aferrarnos a nuestras certezas que a nuestras fragilidades.

Parecía más sencillo hablar de macroestructuras, recursos lingüísticos y distribución de párrafos. Sin embargo, parafraseando lo que algún día escribió tu querido Cortázar… “A estos señores le lleva un rato comprender que los designios de la Providencia son inescrutables.”. Al final, te terminamos hablando, olvidamos el propósito y el texto… y te conversamos… nos discurrimos en vivencias, en momentos contigo… compartimos aquellas perspectivas de ti que parecen obvias en nosotros, pero que nunca pusimos en común… y poco a poco nos fuimos encontrando en lugares comunes, en “acuerdos de equipo”… concluyendo que te extrañaremos, mucho, demasiado… que nos harás falta… tu agridulce nos hacía bien, nos daba sabor… tu coherencia nos enseñaba a mirar nuestros egos y hacernos ajustes… “por favor dejemos eso registrado en acta”. La frase hecha de que las personas que perdemos no se van del todo la hacemos realidad el día de hoy, no en este discurso final, no en la misión con la que partimos, sino en los relatos íntimos que cada uno de nosotros tenía y puso sobre la mesa… una tarde… en el departamento… como muchas veces. Ahora sin ti… quizás en realidad sí, Julio… “el milagro ha ocurrido ahora”.

Tus compañeros y amigos.
Departamento de Lenguaje
SSCC de Manquehue 2019

Celebramos la vida de Ana también, con una Galería de fotos en su honor. Pueden revisarla y recordarla, dando clic aquí.

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